diumenge, 23 de juliol de 2017

AUTOPROTECCIÓN DOMÉSTICA. UN RETO SOCIAL ANTE LOS INCENDIOS DE 6ª GENERACIÓN (Parte 1)

1.    INTRODUCCIÓN

Toda la gente que trabaja en el mundo de los incendios forestales y las emergencias relacionadas con los riesgos naturales (inundaciones, tormentas, …) sabe que algo está cambiando. Algo está cambiando o al menos ahora tenemos más medios para entender qué pasa y por qué pasa. En ese sentido, desde hace un tiempo, se viene percibiendo la necesidad imperiosa de que la ciudadanía adopte un papel relevante, si bien, existen matices, puntos de vista incluso contrapuestos y consideraciones de todo tipo a este respecto. Lo que parece evidente es que al menos debería adoptarlo en materia preventiva y de autoprotección. 

Sin ánimo de enmendar la plana a nadie, pero sí con la intención de aportar experiencia en la materia, se describe a continuación la metodología empleada por el equipo de Medi XXI GSA – Consorcio SIDEINFO que trabaja en el ámbito de emergencias (Dalmau-Rovira, F., Quinto Peris, F., Pérez Ferrando, R., Noguera Font, S., Gorgonio Bonet, E., Barceló Puig, A., Belenguer Peris, E.) para el desarrollo de proyectos de autoprotección a escala particular en la microescala (vivienda + parcela) y en la mesoescala (entorno de la parcela + núcleo), (Caballero Valero, D. 2016).

La experiencia nos ha enseñado que, bien gestionada, la autoprotección doméstica ante el riesgo de incendios en zonas de Interfaz Urbano Forestal puede constituir en la actualidad una herramienta útil ante los fuegos de 6ª Generación (Castellnou i Ribau, M., 2017). Cuando los Servicios Públicos de Emergencia colapsan es fundamental que la población civil pueda disponer de medidas pautadas y previamente diseñadas para tratar de garantizar su propia seguridad y minimizar en lo posible las consecuencias del incendio sobre sus propiedades. En este sentido nuestro equipo técnico ha desarrollado la siguiente metodología de trabajo basada en 4 tipologías de actuación:
  1. Formación previa de las víctimas potenciales
  2. Planificación, preventiva, defensiva y de la autoprotección
  3. Jardinería preventiva (pirojardinería) y/o selvicultura preventiva
  4. Dotación de infraestructuras y herramientas



Imagen 1.     Triángulo de la Autoprotección. Fuente: Dalmau – Rovira et al 2014 – Medi XXI GSA


2. FORMACIÓN PREVIA DE LAS VÍCTIMAS POTENCIALES

Del mismo modo que existen personas en riesgo de exclusión social o en riesgo de accidente cardiovascular existe un porcentaje de población que está expuesta al riesgo de incendio forestal. Son víctimas potenciales de un fuego en su entorno. Un aspecto relevante que nos ha enseñado la experiencia es que la asunción (por parte de las víctimas potenciales) de esta conciencia situacional resulta fundamental si se quiere cambiar algo en este ámbito.

Básicamente esto se ha producido, entre otros, por dos motivos: durante años las Administraciones Públicas han adoptado una política paternalista orientada a tutelar al Administrado en todas las facetas referentes a su seguridad, y el Administrado le ha resultado cómodo y se ha ido desvinculando del territorio agroforestal en pro de una conciencia más urbana, cuando no urbanita directamente. Esa desconexión ciudadanía – medio agroforestal unida a la proliferación de núcleos en zonas de alto riesgo de incendio forestal y a un contexto de cambio climático dibujan un escenario potencial catastrófico. Por ello el pilar básico de esta metodología de trabajo pasa por formar a la ciudadanía (víctima potencial) en materia de prevención, defensa proactiva y autoprotección. 

Durante todo el proceso formativo, además, debe evitarse generar una sensación de falsa seguridad en las víctimas potenciales y combatir contundentemente el exceso de confianza a poder ser mostrando ejemplos de las consecuencias de quien se aproxima incorrectamente a un incendio forestal. Las personas formadas deben entender de una forma meridianamente clara qué es una emergencia, cuáles son los riesgos a los que se exponen y que los patrones de comportamiento (propios y ajenos) se alteran en situaciones de estrés. Y esto debe constar incluso por escrito. 


Imagen 2.     Sesión formativa para particulares de agrupación de 5 viviendas en una zona de Interfaz Urbano Forestal. Práctica de abastecimiento de tendido defensivo a partir de una boca de riego conectada a depósito de 300.000 litros de agua con una motobomba portátil. Se les explica que la gasolina de la bomba puede arder. Que el tendido puede resultar útil para los Servicios de Emergencia. Que siempre deben obedecer las órdenes de los profesionales. Que no deben entrar en zona forestal. Que deben preparar su “microescala” particular para reducir riesgos, y protocolos de seguridad, evacuación y confinamiento.  Fuente: Medi XXI GSA

«La gente altera su conducta en respuesta a la implementación de la salud y las medidas de seguridad, pero lo arriesgado de la forma en que se comportan no cambia, a menos que estas medidas sean capaces de motivar a la gente para que altere la cantidad de riesgo que desean sufrir», (Wilde, 1994).

Cuando hablamos de riesgo, tenemos que tener presente que se trata de la relación entre vulnerabilidad y amenaza.  Y por eso cuando hablamos de situaciones de riesgo en zonas donde habitan personas, se convierte en fundamental identificar esa vulnerabilidad para que las personas tomen conciencia de que el riesgo, es posible intervenirlo o modificarlo reduciendo esas condiciones de vulnerabilidad asociada. Pero se les debe mostrar que son vulnerables. Esta es sin duda una de las cuestiones fundamentales en cuanto a esta metodología. La vulnerabilidad como factor interno del riesgo, debe relacionarse, no sólo con la exposición al contexto material o susceptibilidad física de los elementos expuestos a ser afectados, sino también con las fragilidades sociales y la falta de resiliencia de la comunidad, su capacidad de responder o absorber el impacto. Considerar las percepciones sobre las dimensiones de vulnerabilidad de los habitantes de una zona, es fundamental para poder hacer un diagnóstico integral del problema, ya que esa percepción constituye una parte de la realidad, complementaria a las evaluaciones técnicas. Es imprescindible la identificación de diferencias entre ambos diagnósticos de vulnerabilidad, el técnicamente evaluado y el socialmente percibido, ya que es necesario establecer este análisis, como parte preanalítica indispensable para la selección y puesta en práctica de cualquier estrategia de gestión de riesgos. Y aún más si lo que buscamos es una participación activa de esa víctima potencial mutando su papel a parte de la solución partiendo de la hipótesis de que es parte del problema. (Carmona Arango, P., Dalmau – Rovira, F., 2015 - Estudio para la caracterización de la percepción del riesgo de incendios forestales en la Interfaz Urbano-Forestal mediante estudio piloto en el T.M. de Carcaixent (Valencia)). 

Entenderíamos riesgo percibido, como aquel con un alto componente subjetivo, juicios intuitivos sobre el riesgo, relacionados tanto con las estructuras personales, cognitivas, emocionales y de motivación, como con los ambientes sociales, culturales y políticos. Por el contrario, el riesgo técnicamente evaluado, o riesgo objetivo, es aquel que está referido a las valoraciones técnicas y científicas del riesgo llevadas a cabo por personal formado al efecto. Los técnicos vemos riesgos que las víctimas potenciales no ven. Hay que esforzarse por transmitirlos adecuadamente. Sin tecnicismos, pero con rigor. Sin asustar, pero sin minimizarlos. Las víctimas potenciales pueden tener una percepción del riesgo equivocada (exagerada o insuficiente) de nuestro trabajo depende modificarla adecuadamente y ajustarla a la realidad. La formación debe ser teórica, pero eminentemente práctica. Deben entender qué pasará. Incluso por qué pasará. Y deben asumir la máxima de que “El día del incendio ustedes pueden ser parte de la solución o una parte fundamental del problema”. Por ello, durante el proceso, es importante establecer una relación de confianza que aliente las preguntas y permita dar las respuestas correctas. Pero especialmente, hay que indicar lo que NO hay que hacer. 

Imagen 3.     Vecino de la urbanización el Pic de la Cabra de Carlet (València) con una manguera de riego y cuatro cubos de agua frente a un fuego que asciende por una ladera. La falta de una percepción real del riesgo y una equivocada conciencia situacional puede poner en riesgo a aquellas personas que ponen en práctica una “autoprotección” mal entendida. Incendio de Cortes de Pallás, 2012.  
Fuente: Dalmau-Rovira, F. 


3.    LA PLANIFICACIÓN DE LA AUTOPROTECCIÓN EN LA MICRO Y LA MESOESCALA CERCANA

El 7 de diciembre de 2013 se aprobó mediante el Real Decreto 893/2013, de 15 de noviembre, la Directriz básica de planificación de protección civil de emergencia por incendios forestales. Esta norma jubilaba la anterior y hacía mención, por primera vez, al concepto de Interfaz Urbano – Forestal (I.U.F.). La Directriz define la I.U.F. como aquellas “Zonas en las que las edificaciones entran en contacto con el monte. El fuego desarrollado en esta zona no sólo puede alcanzar las edificaciones, sino que además puede propagarse en el interior de las zonas edificadas, cualquiera que sea la causa de origen.”

La norma en ningún momento hace referencia a su clasificación urbanística, ni a su estado administrativo… bajo este precepto Interfaz Urbano Forestal es todo aquello que contiene vegetación forestal (sea palustre, arbolado, matorral, herbáceo…) y que puede acabar quemando una edificación. La misma norma define el concepto Plan de Autoprotección. Según describe este documento debe establecer relativas a una instalación, edificación o conjunto de las mismas, ubicadas en un área de I.U.F., y deben tener por objeto por una parte evitar la generación o propagación de incendios forestales (ser motivo de origen) y facilitar las labores de extinción a los servicios públicos especializados cuando su actuación resulte necesaria. El Plan de Autoprotección (sea a macro, meso o microescala) debe:

A) Complementar las labores de prevención, vigilancia y detección previstas en los planes de ámbito superior. (en el caso de un particular, el plan del núcleo o el plan municipal).

B) Facilitar las tareas de extinción por los servicios públicos y, en su caso, organizar los medios humanos y materiales disponibles para una primera intervención hasta la llegada e intervención de aquellos (el particular puede poner a disposición de los Servicios Públicos de Emergencia medios humanos y materiales).

C) Garantizar la posible evacuación de las personas ocupantes de las instalaciones o edificaciones. (No hace mención al confinamiento planificado… este puede ser un aspecto para revisar en futuros cambios normativos).

Según la Directriz las Administraciones Públicas elaborarán programas de información y sensibilización, sobre prevención de los incendios forestales, al objeto de que los ciudadanos tengan un adecuado conocimiento acerca de las medidas a seguir para evitar la ocurrencia de incendios forestales y de autoprotección en caso de verse implicados en una emergencia de ese carácter de manera que resulten accesibles y comprensibles para todas las personas. Pues bien, basándonos en estos antecedentes resulta viable elaborar un plan de autoprotección para una vivienda particular del mismo modo que se podría hacer para una casa rural, un restaurante, o un hotel en una Zona de Alto Riesgo de Incendio Forestal. El Plan de Autoprotección para una vivienda particular es un documento sencillo que pauta qué acciones debe llevar a cabo el propietario de la edificación en caso de incendio. Lógicamente, al igual que los planes de autoprotección de las urbanizaciones o de los municipios, establece el procedimiento para la integración en planes de rango superior, y deja claro que cuando llegan los profesionales hay que ponerse a sus órdenes. Esta metodología de trabajo puede favorecer que una vivienda se convierta en un lugar seguro y defendible, constituyendo además una opción de refugio para unidades trabajando en I.U.F., de ahí, la importancia de una buena planificación.

Si el vecino además de tener un plan (saber qué hacer), tiene una formación que le aporta una actitud correcta, prepara su vivienda y se dota de algunas herramientas básicas, puede suponer una ayuda importante. Si no lo hace, lógicamente, no.


Imagen 4.     Técnicos forestales de Medi XXI GSA durante una visita de trabajo para la elaboración de un plan de autoprotección de una vivienda aislada (L’Alcora, Castellón). Fuente: Medi XXI GSA




Imagen 5.     Proyecto de defensa contra incendios forestales de una vivienda particular e informe de visita de campo a la vivienda para dimensionar las infraestructuras. Fuente: Medi XXI GSA.


FINAL PARTE 1 - Continuará... 



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